El Sexilio por Anjanette Delgado

Prólogo

El mapa del sexilio

Comencemos por el principio. ¿Qué es el sexilio? ¿Y qué tiene que ver con Puerto Rico? Todo. Tiene que ver todo.

A comienzos del presente siglo, el sociólogo puertorriqueño Manolo Guzmán acuñó el neologismo para referirse a la emigración precipitada de una persona por la orientación sexual, aludiendo específicamente a los desaf.os que enfrentaban (y enfrentan) las comunidades LGBTQUIA desde un contexto político y social, o sea, más allá del núcleo familiar.

Más de una década después, en su excelente ensayo “¿Sexilios femeninos? Hacia una arqueología del desplazamiento de las minorías sexuales en el Caribe” la pensadora, escritora y académica Yolanda Martínez-San Miguel investigó la literatura del deseo y enriqueció el término sexilio incluyendo a mujeres heterosexuales, víctimas, también, de los límites que las sociedades imponen a todo sujeto feminizado, obligadas a sexiliarse para encontrar, lejos de sus familias y sociedades, el gozo, el placer y la libertad sexual a los que todos tenemos derecho, sin importar nuestro género o la forma en que nos identifiquemos, o no.

Una nueva definición

Yo, aquí, propongo una nueva ampliación del término sexilio, no porque las definiciones que existen estén equivocadas (para nada), sino porque mi sexilio particular, si iba a sobrevivirlo, necesitaba su propio contexto:

Recurres al sexilio cuando, por ser mujer (entiéndase cualquier sujeto feminizado), la integridad de tu cuerpo o tu salud mental (toda tú, en otras palabras) corren peligro de violencia inminente o posible muerte. (Uso la palabra integridad para significar “integral”, “básico”, “fundamental”, no con connotación moral alguna.)

Con esta definición, enfatizo que el sexilio no es una elección. No implica verdadera agencia. No se enfoca en los muchos pequeños rechazos, que son reales y duelen. No hablo de la posibilidad de tener sexo con quien quieras cuando quieras, que es algo importantísimo también. Hablo de la urgencia que implica la violencia sistémica contra tu cuerpo físico y, por lo tanto, tu cordura mental. En otras palabras, cuando te vas, la situación es de vida o muerte para la persona que eres, aunque solo lo sepas tú. 

Según el informe sobre migración de la ONU…

… para 2021 (el más reciente con cifras estables) hubo 281 millones de migrantes internacionales, un aumento de 27% en comparación con la década anterior. Aproximadamente la mitad de estos se identificaron como mujeres.

Las guerras son causa de una gran parte de esa cifra. No hay una cuyo precio no sea pagado exponencialmente por las mujeres (y por mujeres, de nuevo, me refiero tanto a cualquier persona que es feminizada voluntaria o involuntariamente como a cualquier persona que se identifica como mujer). Somos las armas de guerra. Y somos el botín. Somos la forma que el patriarcado ha encontrado para vengarse de otros hombres usando la humillación como moneda a costa de nuestras vidas y las de nuestros hijos, hijas e hijes.

O sea, hay un sexilio colectivo que ocurre en nuestro mundo. Ha nacido de un mecanismo patriarcal incorporado que sigue oprimiendo a lo femenino por serlo. Porque lo ve como debilidad. Ha nacido de la persecución y el asesinato de personas gays, transgénero y no binarias. Ha nacido también del hambre, la avaricia y la colonización, y todos esos sexilios son, sin duda, genocidios urgentes del alma colectiva.

Pero quizá tú y yo no estemos en medio de una guerra obvia. Y lo que sucede cuando algo parece voluntario es que trae consigo una culpa, que es mucho más larga que las secuelas de covid. Las relaciones se destruyen para siempre. La identidad se desgarra. De la misma manera en que yo me convertí, con mi sexilio, en “otra más que se iba”, también me convertí, hasta para mí misma, en una ingrata con las mujeres de mi familia y sus sacrificios, y con mi patria, Puerto Rico.

Entonces, cuando hablo de mi sexilio personal, estoy hablando de la violencia que en gran medida enfrentas sola en tu responsabilidad de repeler. La caballería no vendrá. La policía podría no aparecer. Tu familia y amigos podrían culparte a ti de todo. Los sistemas patriarcales en los que vivimos no te protegerán. No realmente. De hecho, peor aún, intentarán simular que te protegen. Y para justificar no protegerte, harán que lo que era su deber vigilar también sea culpa tuya. 

Desplazamiento permanente

Lo peor es que siempre habrá un vacío en caso de que tengas que irte, porque, si casi perdiste la vida que conocías en ese lugar que amabas, regresar completamente, no solo en cuerpo, sino también en alma, será casi imposible.

Tendrás que fortalecerte y rápido. No tienes tiempo que perder para encontrar el camino de regreso, y deberás llegar a un acuerdo con lo inconcebible aunque solo sea en tu mente. Yo lo hice. Me fui y me quedé por “allá afuera” mucho tiempo. Cuando me sentí fuerte de nuevo, comencé a escribir a escribir a hablar a hablar escribir hablar pensar llorar llorar hablar escribir amar, llamar, escribir escribir buscar regresar regresar regresar. Este librito es una pequeña parte de eso.

Con Amor,